lunes, 13 de mayo de 2013

La Qahal Yahvé, prefigura de la comunidad cristiana


·        La Qahal, asamblea de los convocados por Dios
·        La iniciativa de convocar es de Dios
·        No hay ningún mérito en los convocados
·        La asamblea es “de” Dios
·        Se reúnen para escuchar a Dios
·        La ekklesia, nuevo pueblo de Dios

La palabra Iglesia viene del griego “ekklesia” que era la reunión de los convocados por un heraldo para tratar temas concernientes a la “polis”, es decir, raramente era una reunión con fines religiosos sino más bien profanos o más específicamente políticos. Lo curioso está en que esta palabra se usó en la llamada traducción de los LXX para traducir la palabra “qahal” que se refería a la asamblea convocada para reunirse en el desierto alrededor del Sinaí para escuchar a Moisés que había hablado con Dios y de allí en adelante se convirtió en la “asamblea de Dios”.
Las características fundamentales de la qahal eran tres: en primer lugar la iniciativa de convocar partía de Dios, era Dios quien por puro amor los llamaba en torno suyo y los sostenía luego como comunidad convocada. Esta llamada era absolutamente gratuita, no había ningún mérito en los convocados que condicione la llamada. La segunda característica está en el carácter de pertenencia de esta comunidad, ellos eran la qahal Yahvé que el griego tradujo como “ekklesia tou Kyriou” (Iglesia del Señor) que constituye el puente directo para el uso de este término en el N.T. La naturaleza de esta comunidad es que eran propiedad peculiar del Señor, habían respondido a su convocatoria y por tanto se distinguían de los otros pueblos pero no en un sentido exclusivista sino como signo para todos los pueblos, es decir, tenían un sentido marcadamente escatológico: la ekklesia se convierte en la verdadera comunidad de los últimos tiempos. En tercer lugar, la asamblea cultual de la comunidad israelítica es una asamblea que se reúne para estrechar sus lazos de unión con Yahvé, para escuchar su palabra y acatar su voluntad.
El término ekklesia en el N.T. tiene tres significados distintos pero complementarios: en primer lugar se utiliza para designar a la asamblea cristiana reunida en acto para el servicio litúrgico, ya sea para escuchar la palabra de Dios, ya sea para celebrar la “fracción del pan” que es el primer nombre que toma la celebración eucarística en la iglesia primitiva (Cf. 1Co11, 18; 14, 4.5.12.19.23.28.33.35); ellos se reúnen en una casa (Cf. 1Co16, 19; Rm16,5; Flm2). En segundo lugar ekklesia designa a los cristianos residentes en una ciudad (Hch 5, 11; 1 Tes 1, 1; 2 Tes 1, 4; Ga1, 2; 1Co 1,2; Ap 1, 4; 2, 23; 22, 16, etc.). Por último, ekklesia tiene también un sentido universal, es decir, designa a todos los fieles de la nueva comunidad mesiánica de la salvación, al nuevo pueblo de Dios disperso por el mundo.
En definitiva, podemos concluir que se mantiene una continuidad en la comprensión del término ekklesia en el A.T. con la evidente e imprescindible relación con Cristo ,lo cual le da el toque de discontinuidad. La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios, heredero de las promesas del pueblo de Israel pero con la gran diferencia de que estas promesas ya están cumplidas en Jesucristo y a su vez, esta Iglesia tiene una apertura sin discriminación a todos los creyentes en Cristo. El lazo de unión de la comunidad israelítica era el lazo de sangre cuando se volvió el pueblo de las doce tribus; pero, en el caso de la comunidad cristiana, es la fe en Cristo Jesús la que les hace estar en comunión con sus hermanos. Quien toca a un hermano de la comunidad toca a la Iglesia misma (Cf. Ga 1, 13)
Lo nuevo de la comunidad cristiana está precisamente en que ella no sólo es la ekklesia de Dios, sino al mismo tiempo la ekklesia de Cristo. Mantiene las mismas características de ser convocada por Dios porque es Cristo quien convoca la Liturgia, es él quien habla, es él quien celebra, es él quien perdona,  es él quien cura, es él quien transforma, es él quien salva. La comunidad cristiana se sigue reuniendo en torno al “Dios con nosotros”, en torno a su palabra, en torno al altar que es Cristo mismo donde él se entrega para nosotros y sólo por amor a nosotros en su cuerpo y en su sangre donde nos podemos hacer uno con Él. A diferencia de la qahal no hay lazo de unión con Dios más estrecho que éste.

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